31-01-2018 / Enfermedades de fin de ciclo

Un problema estacional

En el cultivo de soja, estas patologías pueden afectar hasta un 30% del rinde. Expertos destacan la importancia de los fungicidas y nuevas mezclas más eficientes para su control.



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El final de ciclo de la soja se ve afectado fundamentalmente por enfermedades como la Mancha marrón, el Tizón de la hoja y Mancha púrpura de la semilla y la Mancha en ojo de rana. Si bien estas enfermedades afectan todas las zonas sojeras, la prevalencia de una u otra depende de las condiciones de manejo del cultivo y las características de la zona. Tienen mayor presencia en la zona núcleo, la provincia de Buenos Aires, sur de Santa Fe, sur de Córdoba y, por último, las regiones del NOA y NEA.

 

Según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, en diferentes zonas de las regiones del NOA y NEA se registraron abundantes lluvias, un panorama favorable para continuar con los planes de siembra. Se estima que el avance nacional cubrió el 98,9 % de la superficie proyectada en 18.000.000 de hectáreas. Sin embargo, esta condición húmeda también favorece al desarrollo de enfermedades. En el 2017, el 90% de los lotes monitoreados en el norte de la provincia de Buenos Aires presentaron síntomas de Mancha marrón: todas las variedades sembradas son susceptibles a esta enfermedad. 

 

Las enfermedades de fin de ciclo se inician en el último período del cultivo, a partir de tres factores: el cultivo de soja, los patógenos presentes en el cultivo tanto como latentes en el rastrojo, y las condiciones ambientales como lluvias frecuentes, horas de mojado foliar y temperaturas medias. “Cuando hay características ambientales predisponentes, la Mancha marrón afecta hasta un 15% del rinde”, explica Lucrecia Couretot, Fitopatóloga del INTA Pergamino. En el caso de la Mancha en ojo de rana, que se genera en áreas sojeras cálidas y requiere de temperaturas altas y humedad, las pérdidas pueden alcanzar hasta un 30%. 

 

“Con la aparición de estas enfermedades, es importante la aplicación del fungicida, pero principalmente el uso de nuevas mezclas que son mucho más eficientes en el control“, recomienda Couretot, al mismo tiempo que destaca tener en cuenta permanentemente la eficacia de control del fungicida a utilizar , la calidad de aplicación y el seguimiento adecuado del cultivo. Además, en zonas de estrés hídrico como en el norte y centro de la provincia de Buenos Aires, es primordial protegerse ante las adversidades climáticas con fungicidas, ya que las enfermedades están latentes. Al presentarse condiciones climáticas predisponentes, se expresa el complejo de final de ciclo que afecta tanto hojas como peciolos, tallos, vainas y calidad de semillas, reduciendo el rendimiento potencial del cultivo.

 

El beneficio potencial de la acción de los fungicidas en el rendimiento de soja depende de la cantidad de lluvia registrada en el intervalo de R3 a R5, pero el momento preciso de la aplicación dependerá del ambiente y las lluvias durante dicho período crítico. Dependiendo de las condiciones ambientales, la aplicación de fungicida podría realizarse en R3, R4 o R5. En estos casos, el aumento de rendimiento promedio se ve reflejado entre 200 a 600 kg /ha dependiendo del año.

 

Para la prevención y control de las enfermedades de fin de ciclo, BASF cuenta con un amplio portfolio de productos, entre los que se destaca Opera®, un fungicida que ha demostrado a lo largo de las campañas un consistente control eficaz de enfermedades con una mayor persistencia de acción y mayor respuesta en el rendimiento y calidad de semilla. “Se deben utilizar mezclas, principios activos con diferentes mecanismos de acción y respetar las dosis del marbete”, indica Juan Pablo Migasso, Gerente del Cultivo de Soja de BASF.



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