05-02-2018 / Producción agroecológica

En busca de pequeños aliados

En el Centro Operativo Experimental Angel Gallardo estudian esquemas de Control Biológico Conservativo para disminuir el uso de químicos y producir alimentos más sanos en el cinturón verde santafesino. La combinación de plantas aromáticas e insectos benéficos podrían ponerle un límite a las plagas más temidas.
 

 



Juan Manuel Fernández

jmfernandez@ellitoral.com


En el marco del Programa de Transición Agroecológica que el INTA lleva adelante en el Centro Operativo Experimental de Angel Gallardo, la Dra. en Biología y becaria de CONICET Leticia Zumoffen estudia el potencial del Control Biológico Conservativo (CBC) para el combate natural a las plagas en cultivos hortícolas. El objetivo es proveer soluciones que disminuyan costos a los productores y, al mismo tiempo, reduzcan el uso de químicos en el ambiente y sobre varios alimentos que llegan crudos a la mesa de los consumidores.

 

Luego de haberse iniciado en la materia, años atrás, analizando la utilidad de la vegetación espontánea como hospederos de insectos benéficos para la agricultura, se enfocó en hallar alternativas biológicas contra la polilla de las coles (Plutella xylostella L.), una de las amenazas más dañinas en la producción de brócoli, repollo y coliflor en el cordón verde santafesino. El trabajo se desarrolla a campo, evaluando la incidencia de dos especies aromáticas -menta y romero- en la regulación de orugas y áfidos como los pulgones, tanto como proveedores de benéficos como por acción de sus componentes volátiles. Y en el laboratorio, identificando especies y cuantificando el efecto sobre las plagas blanco.

 

Los datos bibliográficos recabados por Zumoffen indican que, a nivel mundial, los daños causados por la presencia de áfidos y Plutella xylostella L. son una limitante en la producción y calidad de crucíferas, reportándose pérdidas de hasta 35%. Ambas plagas son atacadas por pequeñas avispas (Diadegma insulare y Lysiphlebus testaceipes) que las parasitan “inyectándole” sus huevos, logrando así controlar tasas de infestación superiores al 40%. También trabajan como benéficos las conocidas “vaquitas de San Antonio”, de la familia de los coccinélidos, que actúan como depredadores comiendo “todo lo que se les cruza, porque son generalistas”, indicó la bióloga, a diferencia de los parasitoides que sólo atacan a determinadas especies.

 

 

 

Menos químicos


En diálogo con Campolitoral, Zumoffen explicó que el CBC “consiste en manipular el ambiente para aumentar la efectividad de los enemigos naturales” y comprende distintas técnicas, una de la cuales es asociar al cultivo especies vegetales -espontáneas o sembradas- que le brinden un servicio ecosistémico. Por ejemplo como ámbito de reproducción de benéficos que luego incrementen la tasa de parasitismo o depredación de las poblaciones de insectos plaga. Los “enemigos naturales” se clasifican en depredadores, parasitoides y los “entomopagótenos” como hongos o virus.

 

Sobre las plantas a utilizar como hospederos, aclaró: “no deben competir por los recursos, como agua, nutrientes o luz, con el cultivo”; ni ser un ambiente donde se reproduzca la plaga. Técnicamente se denominan “planta banco” y es preciso saber cual utilizar “para la correcta regulación entre las diferentes interacciones tróficas que suceden”.

Zumoffen detalló que su trabajo está orientado a “disminuir la aplicación de agroquímicos”, en función de la sensibilidad social que despierta el uso de estos productos, sobre todo entre los consumidores. “Los productores mismos -añadió- van entrando en razón sobre la necesidad de disminuir la utilización de insecticidas, favoreciendo una agricultura sustentable, más de tipo orgánica”.

 

Luego de detectar, en un estudio previo (ver aparte), la vegetación espontánea capaz de brindar estos servicios, la becaria incorporó las aromáticas, que además de ser plantas banco, “al mismo tiempo emiten volátiles que repelen los insectos y atraen a enemigos naturales”.

 

Dinámica de trabajo


El trabajo actualmente se desarrolla sobre un lote de repollo, crucífera que tiene a los pulgones (áfidos) y a la oruga de las coles como principales amenazas. “Estas larvas son sumamente voraces; cuando encuentran un lugar favorable pueden destruir el cultivo con rapidez; al igual que los áfidos en grandes concentraciones”, indicó la investigadora. Por eso la meta del ensayo es “disminuir las poblaciones de ambos insectos para que no lleguen al umbral de daño económico y, al mismo tiempo, sean comercializables”. Ocurre en el mercado de las hortalizas que la “vista” es crucial para determinar si la calidad es o no apta para la venta, por lo que no se trata de erradicar la plaga si no de disminuirla hasta un nivel en que el daño no repercuta en ese parámetro de calidad.

El ensayo fue sembrado en diciembre, con las aromáticas establecidas previamente. La dinámica de trabajo consiste en visitarlo una vez a la semana para medir el desarrollo del cultivo y la cuantificación de insectos, en las coles y en la vegetación marginal. “Generalmente, cuando está por hacerse la cosecha, la presencia de insectos plaga es mucho más abundante y se busca que no alcancen el umbral de daño, por lo que se intensifican los muestreos a día por medio para el recuento de insectos”.

 

La rutina implica que las muestras de insectos se llevan a laboratorio para criarlos y lograr una correcta identificación. “Es fundamental dentro de este sistema conocer las especies que están interactuando; como a simple vista a veces es difícil, se usa una lupa y mediante claves taxonómicas poder identificarlos correctamente”.

 

Una vez reconocidos, se establecen interacciones y análisis de las curvas de población de la plaga y el benéfico. “Es decir, tengo una densidad determinada de cada uno; y, por ejemplo, yo se que una vaquita de San Antonio en estado de larva puede predar hasta 100 pulgones por día”. A partir de estos datos se puede trazar una curva de relación entre una población y otra a los fines de anticipar si habrá o no daño económico.

 

Resultados preliminares

 

La investigadora mencionó que existe una relación de “uno a uno” entre parasitoides y plagas. “El parasitoide tiene un aguijón con el que inyecta su huevo al huésped (pulgón) a partir del cual se desarrolla una larva dentro de la plaga, que culmina su estadío en forma de pupa, que es visible en forma de momia”, precisó. Este ciclo dura aproximadamente 10 días. “Mientras la larva crece dentro suyo el pulgón no se alimenta; a veces se lo puede ver, pero no tiene un efecto negativo en el cultivo”, detalló.

El trabajo se inició con la siembra y ahora buscan poner a punto la técnica para el invierno, cuando crezca el área sembrada con crucíferas en la zona. Se trata de “ponerla a prueba y saber cada cuantas líneas de cultivo tener una aromática que aloje benéficos y repela la plaga”.

 

Por el momento cuenta con resultado preliminares, porque nunca se habían usado plantas aromáticas. “Pero a priori sí puedo decirte que los cultivos que se trabajaron sin aplicaciones de agroquímicos pueden ser fácilmente comercializadas”. Aclaró que los repollos pueden tener algún rastro de ataque de las orugas o algún pulgón en la hoja, alcanza el estandar de comercialización. “En los testigos tratados con agroquímicos no hay presencia de insectos ni daño, pero es importante saber que estamos ingiriendo una dosis de estos productos”, advirtió.

 

El objetivo final es “conocer cuanto se necesita de este servicio ecosistémico de la vegetación marginal para que sea efectivo”. En campo se observa, por ejemplo, que a mayor distancia entre las aromáticas y el cultivo hay mayor presencia de plagas. Por lo tanto, “establecer cada cuanta distancia hay que tener una hilera de aromáticas es el desafío que tenemos en el corto plazo”. Mientras tanto, estimó que “cada tres o cuatro líneas de cultivo necesitamos una de aromáticas”.

Los benéficos toman néctar y polen de la plantas banco. Y si se quisiera aumentar esas poblaciones debieran intercalarse más líneas de flores. “Si bien a los fines productivos es un poco más de trabajo, es una línea que viene ganando terrenos en planteos orgánicos”, concluyó la bióloga.

 

Cuidar esa enredadera


En 2013, Campolitoral publicó un primer trabajo de Leticia Zumoffen sobre CBC que consistía en detectar aquellas especies vegetales espontaneas (malezas) capaces de brindar un servicio ecosistémico a cultivos comerciales. La búsqueda se realizó en función de cultivos intensivos -crucíferas y berenjena- y extensivos -avena, trigo y alfalfa- hasta que determinaron que una enredadera, Morrenia sp (de la familia Asclepiadoideae), reunía los requisitos principales: ser hospedero de los benéficos y de carácter perenne, por lo que puede ofrecer sus “servicios” todo el año. “Se trepa en los alambrados y por eso la importancia de mantenerlos”, advirtió aquella vez al investigadora, y agregó que es de crecimiento rápido y puede multiplicarse por gajos. Por eso remarcó que “a los fines prácticos del productor, se trata de que él sepa que esa especie le presta un servicio” y evite erradicarla (por ejemplo no pulverizando con herbicida sobre el alambrado).

 

¿Qué es el CBC?

 

El control Biológico Conservativo (C.B.C.) es una alternativa compatible con la agricultura sustentable por su escaso impacto ambiental sin perjudicar la salud de la población. La técnica mayormente utilizada es la implementación de especies vegetales marginales a los cultivos atrayentes de insectos benéficos, ya sea porque ofrezcan refugio o alimento en forma de fitófagos no perjudiciales para el cultivo. De esta manera, se incrementa su supervivencia y se promueve la efectividad de los enemigos naturales para su posterior actividad en la regulación de las poblaciones plaga disminuyendo las aplicaciones químicas.
Fotos: Juan Manuel Fernández



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