12-05-2018 / Las Toscas no haría zafra

¿Sin azúcar en la cuenca cañera?

No se presentaron interesados a la subasta del último ingenio azucarero de la provincia. Prácticamente ya no hay tiempo de adecuar las instalaciones y no podría realizarse la molienda, dejando más de 2.000 hectáreas sin cosechar. 

 



Juan Manuel Fernández
jmfernandez@ellitoral.com


La ausencia de ofertas en el remate del Ingenio Las Toscas, en el departamento General Obligado, realizado el miércoles 9 de mayo en Buenos Aires, reduce considerablemente las chances de poder realizar la zafra 2018 y con ello se instala una gran incertidumbre sobre la supervivencia de la cuenca cañera santafesina. 


A partir del cierre del ingenio Arno de Villa Ocampo, hace algunos años, la industria tosquense era la única capaz de moler las escasas 2.500 hectáreas de caña que subsisten en el norte provincial. De no existir esta opción, los productores abandonarían el cultivo, migrando probablemente al algodón, situación que se tornaría definitiva por los altos costos que implica sembrar campos nuevos con caña.

 

La subasta había sido pautada por la martillera pública Patricia Fra Amador, con una base de $ 21.457.200, en el marco de la quiebra de la firma Masaro S.A, propiedad de Vicente Farfaglia, que lleva adelante el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial Nº 3 a cargo del Dr. Jorge S. Sícoli. 


Al no presentarse oferentes, el proceso obliga a una nueva convocatoria dentro de los próximos 10 días sobre una base del 50% de la inicial o al mejor postor. Fuentes cercanas al proceso indicaron que habría interesados en las instalaciones, pero en función del proceso estarían especulando con la dilación del mismo para comprar a un precio menor.
Pero prácticamente ya no hay tiempo para realizar los trabajos de adecuación necesarios del ingenio, que demandarían unos 45 días, para iniciar la zafra a principios de junio.
Antes de la quiebra, el ingenio era administrado por la firma Romelio H. Snaider, que con un contrato por 10 años ya había realizado 7 zafras y una inversión en maquinaria superior a $ 30 millones. Sin embargo el juez de la causa determinó a comienzos del año que debían desalojar las instalaciones, situación que dejó sin empleo a más de 200 obreros que debieron ser indemnizados.


“Hay que cerrar el cajón”


“La actividad ya no es rentable. El precio no ayuda”, sostuvo el ingeniero agrónomo Elvio Lobisa, del Centro Experimental Tacuarendí del Ministerio de la Producción, en un intento por resumir la génesis del declive de una economía regional que llegó a ocupar 16.000 hectáreas en el norte santafesino, generando trabajo directo para más de 3.000 personas, en los años 70 y 80. 
Hoy sobreviven a duras penas en unas 2.500 hectáreas, unos 50 productores que no saben quién realizará la próxima zafra a partir del mes de julio. “Hemos retrocedido un montón”, agregó, en referencia a esta triste realidad.


En la actualidad, el precio del kilo de azúcar ronda valores cercanos a los $ 12/kg, cuando “debería valer el doble para hacer rentable la actividad”, explicó el especialista. En ese sentido explicó que si se hiciera zafra y el productor obtuviera 55 kilos de azúcar por cada tonelada caña, a los precios actuales no podría hacer frente al costo de cosecha y flete, en torno a los 0 por tonelada. “No hay ecuación que cierre”, indicó, porque este costo no debe superar el 35% del ingreso bruto y “hoy está cerca del 85%”.


Por eso consideró que la producción de azúcar es inviable en un mundo que la demoniza, relacionándola con problema para la salud. Tan difícil es el contexto, que “se cierran ingenios en el NOA, producto del mal momento de la actividad; si entran en crisis las grandes industrias, mucho peor es para las chicas”.
Esto constituye la estocada final a la inestabilidad que han instalado en la región las crisis cíclicas del sistema cañero, sobre todo a partir de las recurrentes quiebras de los ingenios de Villa Ocampo y Las Toscas. “Nadie lo quiere decir porque es fuerte; pero hay que ir pensando en cerrar el cajón, en desconectar este enfermo terminal”. La cruenta metáfora que empleó Lobisa no es más que un valiente sinceramiento, tan necesario como en cualquier duelo para seguir hacia adelante, porque “la vida continúa”. 


Obligada reconversión


En tal sentido, este veterano actor de la cultura cañera santafesina (investigador, asesor público y privado, docente y comunicador) aspira a un efecto rebote, más allá del dolor que indefectiblemente causará el fin de la producción de azúcar. Optimista por naturaleza, apuesta por el medio vaso lleno. “Esto permitiría reconvertir la cuenca, como se anhela desde hace años”, deseó. De hecho, ya está trabajando de manera incipiente en la utilización de la caña de azúcar para energía y como alimento ganadero (enriqueciendo el bagazo con urea y bacterias para su fermentación, además de la producción de ron).


En su opinión, la zona debe enfocarse en la combinación energía-carne. Incluso sin abandonar el cultivo de caña, que culturalmente está muy arraigado y tiene un enorme potencial en ganadería a partir de su uso como fibra en forma de silo. Según su experiencia, los productores “van a seguir con la caña para reserva forrajera”. Y, al mismo tiempo, la acoholera de Villa Ocampo (que próximamente estará lista para funcionar en base a cereales) sería el motor para el cultivo de sorgo, a partir del cual se producirá etanol por un lado y burlanda por otro, que resulta un valiosísimo recurso para alimento animal. Incluso la producción de soja aportaría a este objetivo, con el procesamiento en una extrusora local que permitirá a los productores generar su propio expeller.


La cuenca cañera y su declive


Geográficamente, la cuenca cañera santafesina se ubica en el ángulo noreste de la provincia y abarca la mitad norte del departamento Gral. Obligado, abarcando los distritos: Arroyo Ceibal, El Sombrerito, Villa Ocampo, Villa Ana, Tacuarendí, San Antonio de Obligado, Las Toscas, El Rabón, Villa Guillermina y Florencia, extendiéndose potencialmente hacia el sur, a los distritos de Lanteri, Las Garzas, Guadalupe Norte y Avellaneda. 
La caña de azúcar ha sido un elemento decisivo en el desarrollo de la región, generando recursos económicos, en el sector primario, industrial, comercial y de servicios, formando institucionalidad, (cooperativas, centros comerciales, organizaciones gremiales rurales e industriales) .


La historia reciente devela un declive sostenido del sistema cañero. A principios de los 80 había en la cuenca 16.000 hectáreas con caña en manos de unos 1.000 productores. En los 90, el área y la cantidad de cañeros fueron cayendo hasta un piso de 5.000 hectáreas con 201 productores en 2001. 
Desde 2003 el cultivo inició un proceso de recuperación y la superficie creció a razón de 1.0000 hectáreas al año hasta un techo de 8.700 en 2007. Esa zafra las heladas arruinaron el sueño de una cosecha récord. Desde entonces la superficie fue decayendo hasta las 2000 hectáreas de la actualidad.



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