30-09-2018 / Actualidad

Quinteros: estrategias frente a la crisis cambiaria

En las instalaciones del Centro Operativo Experimental de Ángel Gallardo, la agencia INTA de Monte Vera realizó una jornada a campo para productores y profesionales. Asesores técnicos describieron las reacciones del sector ante la suba del dólar.



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Juan Manuel Fernández
@jotafernan

 

Durante una reciente jornada a campo, realizada por la AER Monte Vera del INTA, referentes del sector plantearon algunos inconvenientes que sufren los productores frutihortícolas en la actual coyuntura económica que atraviesa el país y comentaron qué estrategias se adoptan para sobrellevar el momento.

 

El Ing. Agr. Federico Ricart, representante en Córdoba y Santa Fe del semillero Garde Giusti Chuchuy S.A., empresa con más de 60 años en el mercado de simientes hortícolas, explicó que el productor siempre está ávido de información técnica, como ciclos de los materiales, resistencias a enfermedades, época de siembra o transplante; o de datos como el tamaño y el peso a cosecha. 

 

Sin embargo “el productor hoy está peleando el día a día a nivel económico, no técnico”, sostuvo en relación a la coyuntura nacional, marcada por un incremento en los costos de la producción. “Están dolarizados, como en la soja y el maíz, pero no en el precio de venta”, afirmó. De hecho, el técnico sostuvo que el mercado doméstico muestra “valores deprimidos”, con precios de referencia “compatibles con dos años atrás”.

 

 

Consultado sobre el efecto para los semilleros, aseguró que el negocio también acusa el impacto de la crisis económica y cambiaria. “Nosotros trabajamos un 90% o más de semilla importada, por lo tanto a nosotros el dólar nos toca de manera directa; la diferencia con el productor es que nosotros vendemos en dólares”. Por lo tanto, explicó que la variación del tipo de cambio la trasladan automáticamente al valor de venta. Pero “se ralentiza la ronda de pagos; el productor compra porque tiene que seguir produciendo para subsistir, pero tiende a achicarse mucho y nuestra entrega al mercado se ve diezmada en los volúmenes de venta”. Por ejemplo, afirmó que un productor que habitualmente compraba 3 kilos de semilla hoy compra uno.

 

También explicó que la caída de las ventas dependen de la zona y la variedad analizada. “No es lo mismo Ángel Gallardo o Monte Vera al norte del país, La Plata o el norte de Córdoba”. La particularidad en mercados como el santafesino, orientado al abastecimiento local con verdura de hoja, “tienden a hacer una reducción en la superficie de siembra para tratar de ubicar el 100% de lo que cosechan; esa reducción en muchos casos alcanza al 50%”. En otra zonas, donde se produce fruta como el tomate que tiene un mercado nacional más grande, la merma es menor, en torno al 20 o 25%”.

 

A su turno, el Ing. Agr. Jorge Tiscornia, representante del semillero holandés Bejo en el centro y norte del país, expresó: “uno ve que el productor está orientándose cada vez más a asegurarse la producción en el campo; consultan por resistencia de los materiales”. En tal sentido, remarcó que la firma se orienta a la calidad del producto “para que el productor lo tenga como herramienta comercial en momentos buenos o malos del mercado”. 

 

Opinó que para el quintero es una “buena estrategia comercial contar con buena calidad todo el año”. Porque cuando la demanda es fluida nadie tiene inconvenientes en vender, pero cuando el mercado “está pesado” sacan ventaja quienes ofrecen el mejor producto.

 

 

“Dependiendo de la especie, ya hay una cultura de uso de híbridos”, dijo, en referencia a los materiales con los que se logran mejores características del producto: color, lisura, resistencias a enfermedades y plagas. “Entonces, además del producto en sí, uno ofrece ese valor agregado en la semilla”. Sin embargo la aceptación depende de las zonas productivas, con algunas más adelantadas que otras. “Pero yo creo que todo se encamina a su uso porque es una ventaja comparativa, no sólo en el campo sino en el mercado, donde se nota la diferencia”.

 

Sobre las alteraciones de la economía argentina, Tiscornia indicó que el rubro no está ajeno. “Estamos hablando de semilla importada, donde el dólar tiene particular incidencia, y el producto que se vende no tiene esa volatilidad; entonces es más complicado para nosotros el momento que para otro”.

 

Frente a esta situación opinó igual que su colega, al considerar que el productor apunta a disminuir la superficie cultivada. Pero insistió en que busca defenderse con calidad: “el productor busca mantener un buen producto, porque se va haciendo la marca y una vez que la tiene no puede volver atrás”.

 

En referencia al impacto de la situación en las diferentes zonas hortícolas del país, Tiscornia consideró que “el golpe lo reciben todas las zonas por igual”, producto de la naturaleza dolarizada de los costos. Sin embargo, estimó que “donde más se siente es en los cinturones verdes, donde está el productor más chico, con menor capacidad para capear el momento”. En otras regiones, con otras fechas de cosecha o climas diferentes, pueden estar mejor. “Pero en general todos lo están sintiendo”.

 

En tanto, el Ing. Agr. Mariano Gatti, técnico de la Agencia de Extensión INTA Monte Vera, sostuvo que “la situación del quintero hoy no escapa a la del país”. Y relató que “el mayor inconveniente que comentan es que tienen que comprar insumos dolarizados (semillas, fertilizantes, agroquímicos) y el producto se vende en pesos y a un precio bajo”; y, peor aún, con tendencia a una disminución de la demanda.

 

 

Por otro lado, manifestó que “hay mucha producción, acompañado de que el consumo no escapa a la situación de la economía argentina; y hay mucha inversión para producir”.
Frente a esta situación, el productor “trata de buscarse la semilla más barata posible; la de punta o con tecnología que la encarece la esquiva porque si no le cierran los números”. Y que luego trata de manejar con la mayor eficiencia las fertilizaciones o uso de agroquímicos.

 

En el cinturón santafesino no se observa una disminución de la superficie, pero sí a nivel de predio. “A lo mejor quien hacía 50 líneas de tomate, por ejemplo, hoy quizás hagan 30 o 20 y se vuelquen más a la verdura que es de menor costo, con ciclos más corto y de mejor riesgo”. Según Gatti, los cultivos de fruta como el tomate, el pimiento o la berenjena, son más caros y el riesgo es mayor “en ese sentido quizás haya un achicamiento”.

 

Finalmente, como Agente de Proyecto de Cambio Rural, explicó que muchos productores se apoyan en la asistencia técnica como estrategia para sobrellevar el momento con el objetivo de “ser lo más eficiente posible”. Actualmente hay 3 grupos hortícolas con 10 productores cada uno en el cinturón verde santafesino.

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