12 de Abril de 2021 11:59 HS
Ganadería

¿Y si cierran la exportaciones de carne, qué?

El especialista destaca el alto impacto destructivo que las medidas de este tipo tienen en el mediano y largo plazo a nivel productivo, laboral y económico para todo el país. 

Ing. Agr. Andrés Halle

El mercado ganadero empezó a ser manipulado en octubre del 2005 con la implementación del peso mínimo de faena. El 9 de marzo del 2006, cuando el Gobierno argentino suspendió las exportaciones de carne vacuna durante seis meses, una medida que apuntó (según palabras del gobierno) a frenar el alza de los precios de dicho producto en el mercado interno. La resolución fue anunciada a la prensa por la ministra de Economía, Felisa Miceli, poco después de que el presidente, Néstor Kirchner, advirtiera a los ganaderos que no les "interesa exportar a costa del hambre y el bolsillo del pueblo argentino".

Además de la suspensión de las exportaciones de carnes frescas por seis meses, el Gobierno de Néstor Kirchner también resolvió aumentar los derechos de exportación para las carnes con hueso y procesadas del 5 al 15 por ciento.

Recordemos que dicha medida trajo aparejado el cierre de más de cien frigoríficos y la pérdida de entre 10.000 y 12.000 puestos de trabajo. Por otra parte se contaron por miles la cantidad de productores ganaderos que se fundieron.

El stock de hacienda entre marzo del 2006 y marzo del 2011 cayó un 20%, lo que representó una caída de casi 12 millones de cabezas. El consumo de carne per cápita pasó de 62 kilos a fines de 2005, a 55,5 kilos promedio en 2011. En términos porcentuales significó una merma del 11,3%.

La producción de carne tuvo una caída del 21% entre el 2005 al 2011. Se pasó de un volumen de 3.147.396 toneladas res con hueso a 2.497.896. Lo que significó una caída en la faena de casi 3,5 millones de cabezas. El volumen exportado tuvo una caída del 69%, obligando a frigoríficos a cerrar, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo, no permitiendo el desarrollo del sector y afectando el ingreso de divisas al país.

El precio del novillo cayó luego del cierre de exportaciones, por un tiempo para luego (frente a la escasez) pegar un importante salto hacia la suba. En marzo del 2006 era 0,99 u$s/kg y llegó a valer en noviembre de 2010 el equivalente a 2,06 u$s/kg. El precio del kilo vivo, tuvo un incremento en dólares de 108%.

Resumiendo, el resultado de la medida populista de Néstor Kirchner, solo trajo una merma temporal del precio de la carne. Pero inmediatamente causó el siguiente impacto: pérdida de mano de obra; cierre de frigoríficos; pérdida de productores ganaderos; pérdida de divisas para el país; pérdida de mercados ganaderos existentes; pérdida de confianza por parte de compradores de carne; pérdida de mercados potenciales de alto poder adquisitivo; pérdida de inversiones de parte de toda la cadena ganadera; pérdida de potenciales nuevos empleos; pérdida del stock ganadero; merma en la producción de carne del país; merma en el consumo per cápita de los habitantes de Argentina; aumento en el precio de la carne. En resumen, la medida trajo más pobreza para todos. No tropecemos otra vez con la misma piedra.

Los procesos productivos de la ganadería son especialmente largos. Desde que el criador toma una decisión en su explotación respecto de; modificar cantidad de madres en su rodeo, o aplicar alguna técnica que genere un incremento en los índices reproductivos, hasta que la misma llegue al consumidor, el tiempo transcurrido suele superar los tres años. Cada vez que se inicia un ciclo de aumento en la producción ganadera, necesariamente tiene que venir acompañado de situaciones de mejora en la rentabilidad y un horizonte previsible.

La mejora en la rentabilidad permite que el productor pueda invertir en mejoras y/o crecer en el número de vientres. Ello posiblemente tenga un efecto negativo en el corto plazo para el consumidor, puesto que quedarán en el campo hacienda que posiblemente hubiese sido faenada.

Estos ciclos de aumento de producción necesariamente van acompañados de inversiones, en todos y cada uno de los eslabones de la cadena. El estado debe promover las inversiones, porque no solo generan más puestos de trabajo, sino que además generarán más riqueza en el futuro, algo fundamental en esta argentina asfixiada de pobreza.

El aumento del precio del gordo dispara un ciclo virtuoso, que se trasladará hacia atrás en las cadenas productivas. El mayor precio recibido por el invernador hace que su negocio sea mejor y por ende puede pagar más por la reposición. La puja entre los engordadores determinará el valor a pagar, pero al analizar la historia, se deduce que cada vez que el precio del gordo aumenta el del ternero lo hace más que proporcionalmente.

Este incremento en el precio del producto del criador hace más rentable el negocio de la cría. Por lo tanto, el criador querrá agrandar su plantel, o nuevos actores quieren invertir en dicho negocio. La consecuencia directa de ello, es que aumenta la demanda del vientre, y por ende su cotización. El aumento de los precios del vientre suelen ser proporcionalmente superiores al del ternero cuando se está en presencia clara de una fase de retención. Busquemos que ocurran ciclos virtuosos que hagan de Argentina un país mejor. Argentina crecerá con el campo, nunca sin el campo y menos contra el campo.

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