12 de Enero de 2023 14:43 HS
Actualidad

En 2022, el agro no pudo saltar la grieta en el Congreso

Fundación Barbechando trazó un balance de lo actuado por diputados y senadores en el Parlamento nacional. Sólo se transformaron en leyes el 10% de los proyectos presentados. El campo, gran ausente.

Por Florencia Ricchiuti (*)

El 2022 dejó un Congreso con menos sesiones, menos leyes y menos actividad en comisión. La mayoría de las leyes sancionadas fueron días nacionales, donaciones, expropiaciones y acuerdos. La principal causa que no permitió los consensos: la grieta. El agro, sin embargo, con un balance neutro. ¿Qué se espera para el 2023?

Desde Barbechando analizamos los ejes que llevaron a esta situación atípica:

1. Menos leyes y sesiones: sin ser año electoral, el nivel de productividad del Congreso tendió a la baja. Las sesiones se mantuvieron casi idénticas respecto del año anterior -una sesión por mes-, pero hubo una disminución de un tercio respecto de la sanción de leyes.

Además, la actividad en comisión fue dispar: algunas comisiones estuvieron más activas que años anteriores -a pesar de la demora histórica en conformarse-, como fue el caso de Agricultura, y otras, ni siquiera llegaron a tener una reunión en el año, como Energía y Combustibles o Vivienda y Ordenamiento Urbano.

2. Un congreso alejado de los problemas de la sociedad: las leyes sancionadas quedaron disociadas de parte de la agenda de la sociedad. De las 37 leyes que sancionó el Congreso, 49% fueron días nacionales, donaciones, expropiaciones y acuerdo; un 27% proyectos vinculados a Salud, Cultura, Seguridad, Capacitación y un 13% de Finanzas, incluido el aumento de impuestos. Sólo el 11% de las leyes sancionadas fueron regímenes o fomento de la producción.

3. El difícil camino hacia una ley: generar acuerdos para lograr la sanción de leyes con impacto de largo plazo no es tarea fácil. De los 3168 proyectos de ley que se presentaron en el 2022, sólo 57 lograron obtener media sanción; 37, su sanción definitiva; y casi 600 se trataron en comisión. Es decir, en promedio sólo el 1% de los proyectos logran su cometido de convertirse en ley.

4. Falta de consenso: las diferencias entre las dos principales bancadas son evidentes.

Cada sesión terminó siendo un espacio de cuestiones de privilegio, donde los diferentes espacios aprovecharon para comenzar a diferenciarse de cara a la elección presidencial del 2023. Aunque no sea oficial, la campaña electoral, ya empezó.

5. Sin mayorías automáticas: la falta de mayorías automáticas hay que remediarla con diálogo.

En Diputados, en particular, la existencia de dos bloques con casi idéntica cantidad de integrantes (118 Frente de Todos y 116 Juntos por el Cambio), mantuvo en vilo varias sesiones donde no se logró garantizar el quórum, ni siquiera con agenda de bajo conflicto y aparente consenso.

Los aliados de las dos principales fuerzas (Partidos provinciales y federales) no lograron su peso propio para quebrar la situación y, así, las terceras vías tampoco pudieron imponer su agenda para ser parte de las negociaciones.

¿En el 2023 puede cambiar algo?

El gobierno confirmó que convocará a sesiones extraordinarias a partir del 23 de enero.

El temario, a definición del Ejecutivo, incluiría dos agendas: la política (Juicio político a la Corte Suprema, reforma de la ley de coparticipación, blanqueo de capitales y moratoria previsional) y la productiva (monotributo tech, fomento exportaciones agroindustriales y energía).

El desafío del gobierno será, por un lado, lograr efectividad en la convocatoria, ya que en los últimos años no hubo avance entre el pedido del gobierno de que el Congreso sesione y la voluntad de los propios legisladores oficialistas; y por el otro, que la agenda política no paralice la agenda productiva.

Para lo que resta para el 2023 la campaña electoral nacional, que, a su vez, se suma el desdoblamiento de las elecciones provinciales, será otra limitante. La campaña arranca en febrero y, en promedio, habrá elecciones todos los meses, lo que dificulta la presencia de los legisladores en Buenos Aires.

Agenda agro: ¿Qué pasó en el 2022 y qué puede avanzar en el 2023?

El balance anual no tuvo grandes cambios respecto del semestral sobre las leyes sancionadas para el agro. Las medias sanciones a la promoción del cáñamo y cannabis medicinal, modificación de la ley de bio y nanotecnología y control de resistencia antimicrobiana lograron avanzar un paso más y convertirse en ley.

Este año el agro casi recibe un embate durante el debate del Presupuesto, a través de un artículo que, por medio de facultades delegadas, proponía aumentar algunos topes de Derechos de Exportación -con principal impacto en trigo, maíz, leche, carne y economías regionales-.

LEY DE FOMENTO DE EXPORTACIONES AGROINDUSTRIALES: siendo un proyecto del gobierno y una de las prioridades de Sergio Massa, el proyecto sería incluido en sesiones extraordinarias. De no serlo, pierde estado parlamentario, es decir, cae y debe comenzar su tratamiento de cero.

HUMEDALES: el proyecto cuenta con dictamen de comisión (en mayoría por JxC y minoría por el oficialismo) y está en condiciones de ser tratado en el recinto.

MAQUINARIA AGRÍCOLA: el régimen de fomento estaba por dictaminarse en plenario de comisiones, pero el asueto del 20 de diciembre truncó las chances. El 2023 puede complicar las posibilidades de encontrar quórum en comisiones.

EMERGENCIA AGROPECUARIA Y CRÉDITO AGROPECUARIO: se instaló el tema en comisión, con reuniones informativas y de debate, pero no logró mayor avance y pierde estado parlamentario.

Mientras tanto, los proyectos presentados vinculados a la AgroBioIndustria, representan menos del 10% del total de las iniciativas. El 70% de esa agenda está vinculada a: Ambiente, Economías Regionales, Emergencia agropecuaria, Derechos de Exportación y Agricultura. Con respecto a la autoría de los proyectos, casi el 50% provienen del Juntos por el Cambio, el 40% del Frente de Todos y el 10% de terceras vías.

Desde Barbechando apoyamos un Congreso activo y empoderado, que controle e impulse políticas públicas que nos brinde las reglas de juego que la sociedad necesita para los próximos 50 años, donde los gobiernos de turno se encarguen de gestionar la coyuntura, y no dejarle ese rol al Poder Legislativo, a cambio de delegación de facultades que le son propias.

Casi la mitad de la población en la pobreza es motivo suficiente para exigir grandes acuerdos políticos, donde los egos personales sean secundarios y la unión de los argentinos, para lograr un proyecto en común de desarrollo de país, sea la meta a alcanzar.

(*) Licenciada en Ciencia Política, Directora ejecutiva de Fundación Barbechando 

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