03-08-2018 / Arroz

Eficiencia industrial para una mejor cosecha

El molino de Franck es una pieza clave para la producción arrocera de Adecoagro, que cuenta en San Joaquín con 10.000 hectáreas sembradas. Como la capacidad de secado y molienda tiene relación directa en el desempeño de la trilla, proyectan inversiones para agilizar todo el proceso. Mientras tanto se siguen abriendo mercados de exportación.



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Juan Manuel Fernández

@jotafernan

 

El molino de Franck -departamento Las Colonias- resulta para Adecoagro una pieza clave en la estrategia de integración del negocio arrocero, ya que funciona como una de las plataformas de ventas al exterior y, al mismo tiempo, es un eslabón fundamental para ganar eficiencia en las chacras. 

 

La compañía, fundada en 2002, es la mayor productora de arroz de la provincia y el país: cuenta con unas 10.000 hectáreas en Colonia San Joaquín (departamento Garay), que sumadas a los campos en Corrientes alcanza a 40.000 hectáreas a nivel nacional. En este negocio, la firma desarrolló todos los eslabones de la cadena: desde la producción de semillas hasta la venta en la góndola con marca propia y la exportación. Para la elaboración cuenta con otros dos molinos, uno en Entre Ríos donde se envasa el producto para el mercado interno; y el tercero en Corrientes que, al igual que el santafesino, se orienta al mercado exterior.

 

Con la eficiencia y las sustentabilidad como premisas, Adecoagro ha ido avanzando en la conquista de mercados -México y Unión Europea entre los últimos- tanto para el arroz blanco e integral como para los subproductos del proceso de molienda. También se integra con otros negocios de la compañía, por ejemplo abasteciendo afrechillo al mega tambo estabulado de Christóphersen (7.000 vacas en ordeñe). Y ya tiene en carpeta inversiones como la ampliación de la capacidad de secado y almacenaje en Franck, fundamental para garantizar la calidad del producto una vez que sale del campo. 

 

 

Con una capacidad instalada para procesar alrededor de 130.000 toneladas anuales, la planta santafesina actualmente acopia sólo 15.000 toneladas de arroz cáscara en silos de chapa mientras unas 60.000 se guardan en silobolsas, razón por la cual proyectan construir 1 o 2 más estructuras metálicas. Esto podría incrementar el recibo de camiones de 50/70 a 85/90 por día en época de cosecha, lo que a su vez aceleraría la salida del grano desde el campo, colaborando a disminuir los riesgos de demorar la trilla (volcado de plantas, desgrane y quiebre de granos). 

 

“La consolidación de las 40.000 hectáreas que hacemos de arroz, hace que miremos con mayor firmeza la etapa final del molino”, declaró a Campolitoral el responsable de Recursos Humanos en el NEA Fernando Koncurat. Y explicó que el objetivo es “tener una mayor recepción de secado; cuanto más camiones por hora podés secar más sano es para el negocio porque más rápido lo sacas del campo”. Al momento de la cosecha, el cereal entra un momento crítico porque “se empieza a quebrar cuando los puntos de humedad son bajos”, por lo que agilizar el recibo dinamiza la logística de trilla. “La idea es eliminar un cuello de botella”, remarcó. A su vez, con más silos metálicos apuntan a “reducir el riesgo de los silobolsas y aumentar la capacidad de almacenaje”. El ciclo de recibo comienza en enero, momento del año al que se busca llegar con la planta vacía. “Tratamos de arrancar todos los años con cero stock de arroz”, explicó. 

 

Otro proyecto en carpeta para las instalaciones es montar un molino para elaborar harina de arroz, aunque aún se encuentra en estudio. Sería otro paso en la integración que permitiría agregar valor a un subproducto como el grano quebrado.

 

 

Koncurat explicó que cada etapa de producción tiene su plan de inversión, siempre bajo las premisas de integración y sustentabilidad. “Son cuestiones fundamentales para analizar un proyecto”, aseguró. También se persigue la máxima eficiencia en cada etapa, aunque “la sustentabilidad es el mayor valor que tenemos; en lo medioambiental, económico y social”. 

 

Una inversión “monstruosa” que está en marcha se ubica en Entre Ríos. En San Salvador Adecoagro está montando una planta de elaboración de arroz parbolizado (que el consumidor identifica como el que “no se pasa”) y que “va a estar para fin de año”. La obra comprende envasador, robotización de pallets, ampliación de depósito y la planta de parbolizado. “Todo llevó más o menos 7 millones de dólares”, precisó el ejecutivo.

 

Marcelo Amarante, ingeniero químico y gerente del molino de Franck, relató que la construcción se inicio en 2010 con los silos y comenzó a procesar granos en 2011. “Ese año se hicieron los primeros trabajos de arroz integral”, dijo. Al año siguiente ya se trabajaba en arroz blanco. Los pasos posteriores fueron certificar Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) y en 2015 incorporaron un sistema informático de gestión. Este año avanzaron “un paso más” con la incorporación de HACCP (Análisis de Peligros y Puntos de Control Críticos). “Te ordenan internamente y puede abrir mercados, porque certifica normas de calidad”, explicó. Y mencionó que “Perú está empezando a exigir” este tipo de normas que garantizan inocuidad.

 

La planta cuenta con capacidad para procesar 420 toneladas de arroz cáscara por día y “se está pensando en uno o dos silos más”, apuntó Amarante. 

 

El jefe de las instalaciones describió el proceso: “el arroz ingresa de la cosecha húmedo y en un período muy corto se realiza el secado y se almacena, luego durante el año va ingresando al proceso de molienda”. Esa instancia consiste en el descascarado, del que se obtiene arroz integral; luego, en el molino de “blanco”, se le hacen tres pulidos (dos verticales y uno de agua) para desprender el afrechillo. La última parte del proceso es una clasificación por color, en el cual los granos con tonalidad no deseada (rojo, amarillo, ámbar) son retirados automáticamente por una máquina “colorimétrica” a través de un sensor que analiza los granos uno por uno y expulsa los irregulares con un disparo de aire. Se obtienen unas 6.000 toneladas de arroz blanco por mes, que se destinan por completo a la exportación. Los mercados abiertos son Medio Oriente (Irak, Irán), Brasil, Chile y Perú. “A Europa se ha logrado ingresar, ese mercado tan difícil y exigente; prácticamente se le vende a todo el mundo”. Mientras Amarante hablaba, le molino trabajaba en una partida para México y en el puerto se cargaba un barco con aproximadamente 13.000 toneladas en bolsas de 50 kilos con destino a Irak (que se completa con arroz de otras empresas).

 

Koncurat mencionó que el negocio del arroz se orienta 30% al mercado interno (con marca propia en góndola) y 70% a exportación. “Vemos como oportunidad cada mercado que se abre y avanzamos en darle seguridad a nuestro producto; por eso vamos certificando normas”, subrayó. Además, al cotizar en bolsa Adecoagro cuenta con una base de formalidad que pesa al momento de cerrar negocios.

 

Contar con un semillero propio también es una ventaja para cerrar negocios, ya que se pueden sembrar variedades según lo que pida la demanda. La mayoría de las ventas son de grano largo fino, aunque “algunas exportaciones se hicieron de integral a Europa este año, un mercado abierto recientemente, y que Uruguay y Brasil suelen aprovechar”.

 

Al mismo tiempo, la meta sustentable se manifiesta principalmente en el destino de los subproductos, ya que “el arroz es una industria que quema fósil sólo en la zafra; que no genera efluentes; entonces la sustentabilidad pasa por el procesamiento de los subproductos”, dijo Amarante, ya que equivalen al 40% del grano (entre cáscara, afrechillo, granos quebrados). “Nuestro trabajo es darle valor a esos subproductos”. Una de las acciones en este sentido es la complementación con el negocio lechero de Adecoagro enviando afrechillo a Christóphersen. “Estamos haciendo las primeras pruebas y parece que está dando buenos resultados”, dijo Koncurat, y precisó que todas las semanas envían un equipo.

 

Por último, el encargado de RRHH del NEA sostuvo que en 2018 hubo una buena campaña arrocera para la empresa en materia de rinde, por el factor clima (año Niña, con mayor radiación solar) y la eficiencia en el campo (drones, técnicos, tecnologías, inversión en nivel cero). También sostuvo que “la capacidad de recepción te puede arruinar la campaña y la industria respondió a la exigencia que dio el campo; funcionó muy bien ese equilibrio”. Por este motivo, dijo, se reafirman la inversiones en arroz (en campo e industria) de Adecoagro.

 

 



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