28 de Noviembre de 2020 10:25 HS
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Gallinas felices, consumidores conformes  

En la zona rural de Gálvez, cuatro jóvenes del campo emprendieron la cría de gallinas agroecológicas, como parte de un desarrollo integral que a futuro integre ovinos y bovinos. 

Leonel Tornotti es Ingeniero Agrónomo. Desde sus inicios profesionales se desempeña profesionalmente en la zona rural de Gálvez, como asesor agronómico de los productores. Si bien siempre estuvo ligado al trabajo en cultivos extensivos, siempre lo motivó una constante búsqueda de superación hacia sistemas productivos más sustentables.

Como parte de esa inquietud, decidió avanzar junto a tres socios en la conformación de un emprendimiento integral que integre la agricultura con la generación de proteínas avícolas, ovinas y bovinas.

En diálogo con Campolitoral, remarcó que este nuevo emprendimiento denominado "IDEAR" surgió desde hace un par de años, con la sociedad conformada junto a Sebastián Boero, Diego Pérez y Marisa Baudino. "Finalmente nos decidimos a arrancar con un sistema de gallinas agroecológicas a campo, con nada de encierro y con una suplementación mínima", describe con entusiasmo.

"Buscamos promover una producción sustentable tratando de conglomerar a futuro otros sistemas productivos integrados, como ovinos y bovinos. Pero este es el puntapié inicial. Hoy contamos con 190 gallinas, pero aspiramos a llegar a 1000", anhela.

En cuanto al planteo alimenticio, destaca que se basa en brindarle a las aves una crianza lo más natural posible. Melilotus, Achicoria y Ray Grass. "Implantamos 2 hectáreas de pasturas consociadas, pero al comienzo el tiempo no nos acompañó. Igualmente tenemos los insumos comprados para seguir empastando el campo para que no les falte alimento", afirma.

Una producción feliz

Consultado respecto al curioso nombre de este sistema, afirma que se las llama "gallinas felices" porque a diferencia de otro tipo de producción no están encerradas. "Sólo van a la casilla a dormir a la noche, y solo entran al nido a poner los huevos, siempre alimentadas a base de pasturas y con una suplementación de balanceados mínima".

Además, destaca que esto redunda en una producción bien diferente a la conocida en las góndolas. "La calidad de la mercadería es evidente en una yema más consistente. Volvimos a lograr esos huevos que comíamos en lo de nuestras abuelas, bien de campo, y eso nos llena de orgullo. Lo vemos en la gastronomía, las tortas, ese color amarillo".

En cuanto al manejo productivo, cuenta que se arman cercos circulares para evitar aglomeraciones que puedan representar algún riesgo de aplastamiento. "Estos cercos circulares donde pastorean se van a ir rotando sucesivamente. Acá también tenemos ovejas comiendo que van intercalando las parcelas. Y apuntamos fomentar la siembra bajando la fertilización, ya que el bosteo de las gallinas promueve la actividad de los micro organismos y mejora las condiciones del suelo sin la necesidad de aplicar fertilizantes".

En cuanto a la mirada empresarial, sostiene que apuntan a ciertos negocios puntuales de familias que cada vez más lo demandan. "Hoy tenemos una demanda brutal que no podemos satisfacer, pero nos enorgullece porque la gente ve cómo producimos y trata de adquirirlo". Y opina que la gente está cambiando el consumo a este tipo de producción de menor impacto ambiental. "Para el animal el estrés es menor, al punto que una gallina vive uno o dos años más".

Pasión por la producción

Marisa Baudino nació y vivió toda su vida en el campo. Es la que está todo el día con los animales, y no para de sorprenderse de las enseñanzas cotidianas que esto implica. Porque en el predio de su casa rural ya hacía gallinas de campo, pero el paso hacia un sistema agroecológico implicó nuevos desafíos.

"Arrancamos a finales de julio. Al principio fue con un poco de susto, pero nos largamos. Tengo experiencia con gallinas a campo, pero esto requiere un manejo nuevo. Son 190 ponedoras y unas 20 de campo para ver el desarrollo de cada una".

Marisa recuerda que en el invierno hizo mucho frío, por lo que tuvieron que adaptar las instalaciones para esas pichonas, y las agruparon con todas las comodidades. "Al emplumar las pasamos a un aro más grande con espacio para movilizarse. A las 9 semanas, cuando comienzan a recriarse, las largamos a un galpón para que empiecen a pastorear y conocer el ambiente, y a las 18 semanas, cuando comienzan las posturas, las largamos a la casilla".

Libres como el viento

Marisa destaca que "ellas" están sueltas todo el día. Y que implica un trabajo de adaptación al medio. "Las ponedoras son más delicadas y frágiles, por eso intentamos volverlas más rústicas", destaca. Es que están preparadas para estar en jaulas, por lo que de alguna manera hay que enseñarles a vivir en el campo.

Además, destaca que en los últimos meses están floreciendo este tipo de emprendimientos a nivel nacional. "Todos los productores que arrancaron con esto tienen la pasión de crear alimentos sanos; estamos utilizando muchos agroquímicos y pretendemos volver a lo natural. A nivel país está tomando un auge muy impresionante. Hay un grupo de productores de todo el país trabajando con mucha pasión", insiste. Para ella, tiene un costo mínimo, "pero la satisfacción de verlos producir sin sufrir es enorme".

En concordancia con Tornotti, destaca que la idea comercial es llegar a todos, para poder vender un producto sano. "Lo estamos presentando a almacenes, panaderías y al público en general. Nos han pedido 500 maples y recién estamos con 5 por día, es imposible abastecer esa demanda, pero la idea es crecer".

Y agrega que no hay mucha diferencia de precio con el maple de huevos de granja, "pero hay una gran diferencia de calidad". También especifica que ahora lanzaron la línea con un precio barato porque el huevo todavía es pequeño, "pero a medida que el huevo aumente lo subiremos un poco".

Igualmente aclara que el precio no sale de la escala de costos. "Algunos le pusieron el doble de precio que los huevos de granja, pero esa no es nuestra idea, queremos evocar los recuerdos de campo, esa nostalgia de la infancia de muchos. Yo me crié en el campo y me apasiona poder producir algo que evoque todo lo que eso implica para mucha gente de los pueblos".

En cuanto a las razas, detalla que se trata de una primera tanda que compraron Hy Line Brown, "muy dóciles", según Marisa. En la recría, son raza rojas y negras de INTA, que compraron en San Genaro.

"Es un animal muy afectuoso, que te reconoce. Cuando llego me siguen, me acompañan, son muy curiosas, en seguida vienen a saludar, son divinas, el trabajo diario lo gratifican todo el tiempo", dice sin ocultar su pasión.

IDEAR ya cumple 6 años, siempre pensando en innovar cosas diferentes y nuevas. Este desafío lo plantearon desde el comienzo. Buscan desarrollar un sistema de producción que a fuerza de avanzar a prueba y error, va aprendiendo día a día. "Somos inquietos y nos gusta la actividad, lo hacemos con pasión". Eso nunca falla.

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