22 de Junio de 2021 14:15 HS
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Plan ganadero: una vez más, la ficción supera a la realidad

En la antesala del anuncio de un programa que apuntaría a incrementar 2 millones de toneladas la producción anual de carne bovina, un análisis de Rosgan anticipa que "cuando los anuncios van más rápido que la realidad, pierde consistencia cualquier plan".

En las horas previas al anuncio que prepara del gobierno de implementar un Plan Ganadero con el objetivo de elevar la producción nacional de carne bovina de 3 a 5 millones de toneladas anuales, un análisis técnicos de Rosgan anticipa que por más noble que fuera el propósito no tendrá chances reales de concretarse.

Dice el trabajo:

¿Cuán alcanzables son estos números y cuánta racionalidad guarda dicha distribución?  

Si bien aún no se conocen los plazos planteados, podríamos tomar a modo de supuesto, un horizonte objetivo de 10 años. Considerando el crecimiento demográfico argentino (tasas en torno al 1% anual), en dicho plazo la población argentina podría estar alcanzando los 50 millones de habitantes. Si el objetivo trazado es garantizar una producción de 3 millones de toneladas de carne vacuna para el mercado doméstico, esto equivaldría a volver a un consumo de 60kg anuales per cápita. Aun bajo una hipótesis de cero crecimiento en el consumo de otras carnes -pollo y cerdo- esto supone que el consumidor argentino deberá absorber 125 kg de carne al año, es decir entre 10 a 15kg más de los que actualmente consume. 

Recordemos que Argentina -pese a la crisis económica que viene transitando en los últimos años- sigue siendo uno de los mayores consumidores de carne per cápita en el mundo. Por lo tanto, ¿cuán genuina es esta demanda por mayor consumo? En principio, no resulta demasiado clara. En lo que respecta al aumento de la producción, claramente es necesario dar un salto sostenible en materia productiva. En los últimos 30 años, Argentina produjo en promedio apenas 2,8 millones de toneladas anuales. El año que mayor producción se registró dentro de este período fue en 2009, cuando se alcanzó un total de 3.376 mil toneladas, a expensas de una voraz liquidación del stock. Al año siguiente, en 2010, la producción total de carne vacuna caía a 2.626 mil toneladas. Precisamente, el nivel de extracción de los dos años previos había trepado al 28,5% avizorando ya aquel desenlace, una pérdida de más de 5 millones cabezas en tan solo un año y el inicio a un ciclo de escasez que condicionó fuertemente los siguientes años. 

El otro atisbo de crecimiento que tuvo la producción nacional comenzó a registrarse a partir del 2017. Tras siete años de estancamiento por debajo de los 12 millones de cabezas faenadas, a partir de ese año comienza a reactivarse la faena, producto de un rotundo cambio en la política de exportación, impulsada, a su vez, por el impresionante crecimiento de la demanda china. Claro que este cambio tampoco vino precedido de un plan de reconstrucción productiva e, inevitablemente, el crecimiento de la producción nuevamente se dio a expensas de una mayor extracción. En los últimos dos años, la tasa de extracción -faena total sobre stock inicial ? volvió a cruzar los niveles de equilibrio, llegando a marcar cerca de 26 puntos en el último ciclo. Recordemos que en función de la composición del stock y índices de procreo y destete, nuestro rodeo nacional admite tasas de equilibrio en torno al 24% a 25%, por sobre esos niveles el stock tiende a caer. 

De acuerdo a los últimos datos de stock disponibles a diciembre de 2019, nuestro rodeo nacional contaba con aproximadamente 23 millones de vacas. Con una tasa de destete del 63%, estaríamos obteniendo unos 14,5 millones de terneros al año, menos lo que se pierde por mortandad, en números brutos y sin discriminar por categoría, apenas estamos reponiendo los 14 millones de cabezas faenadas al año que, a un promedio de 226kg por res, nos aportan poco más de 3,1 millones de toneladas de carne vacuna anualmente.

Pensemos por un momento en un plan ganadero que verdaderamente logre aumentar la eficiencia productiva del stock nacional es decir, la cantidad de kilos producidos por animal en stock, actualmente estancada en torno los 57 a 58 kg. Asumamos a modo de hipótesis que en cierto plazo de tiempo logramos llevar la tasa de destete del 63% al 70% promedio a nivel, sin retención de animales, es decir mantenido la misma cantidad de vientres en stock. Entonces, los 23 millones de vacas en producción podrían entregar una reposición de cercana a los 16 millones de terneros y terneras al año. Asumiendo una extracción de equilibrio, es decir donde se faena lo mismo que se produce (16 millones de cabezas), lograr los 5 millones de producción que tendría como objetivo este plan ganadero nacional, implicaría llevar el peso medio por res en gancho de los 226kg actuales a unos 317kg por animal faenado. Esto es más que Uruguay (250kg), más que Brasil (260kg) e, incluso, más que Australia (290kg), algo en principio poco alcanzable, en función de las características del sistema productivo argentino.

Alternativamente, alcanzar los 5 millones de producción sin forzar a tal extremo los diferentes indicadores de productividad, implicaría iniciar un proceso de retención y recomposición del stock nacional durante los próximos años que, indefectiblemente limitaría la oferta de carne durante los años que demande dicho proceso. En este sentido, si lográsemos incrementar el stock de vacas a un mínimo de 30 millones de animales, trabajando con tasas de destete del 65% a nivel nacional e incrementando los pesos de faena a niveles cercanos a los de nuestros vecinos (260kg por res), lograríamos producciones anuales en torno a los 5 millones de toneladas de carne. 

Sin embargo, este camino demandaría un proceso de reconstrucción de ese stock de vientres durante el cual la faena anual debería tener al menos 1,5 millón de hembras menos para lograr dicho objetivo en un plazo no menor a 5 años. Algo que, en este contexto de escasez de oferta y precios en alza, políticamente no sería deseable forzar. 

En concreto, cuando los anuncios van más rápido que la realidad, pierde consistencia cualquier plan por más noble que luzca su objetivo. 

Argentina, en materia ganadera, tiene un gran desafío por delante y es precisamente lograr trascender los intereses cortoplacistas que muchas veces impone la política para trazar, definitivamente, un horizonte de crecimiento racional, coherente con nuestra realidad productiva y fundamentalmente sostenible en el tiempo.

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