20 de Julio de 2021 13:13 HS
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Mala praxis: el cepo cárnico perjudica tanto al consumidor como al productor

En el mostrador el precio aumentó, incluso más que el cerdo y el pollo, mientras el ganadero obtiene valores inferiores por la hacienda que sólo tiene demanda exportadora.

A dos meses del abrupto cepo a las exportaciones de carne que el gobierno impuso con el objetivo de reducir el precio que pagan los consumidores argentinos, hasta el momento los resultados no pueden ser peores: el precio en el mostrador subió, mientras el ganadero recibe un 13% menos por la hacienda de descarte, que no se consume en el país.

Así lo indica el informe semanal de Rosgan. Por un lado, el relevamiento de precios que mensualmente realiza el Instituto de Promoción de Carne Vacuna Argentina (IPCVA), arrojó en mayo que el valor promedio de los cortes de carne vacuna se apreció un 6,1%, mientras que en junio -ya en plena vigencia de las medidas- subió otro 7,7% mensual. 

Comparado con otras carnes cuyos mercados no han sido intervenidos, la carne vacuna no sólo no ha bajado sino que, incluso, ha perdido competitividad. En los últimos dos meses, el precio promedio de los 24 cortes vacunos relevados por el IPCVA pasó de valer $630,03 a $719,49, es decir sufrió un aumento del 14,2% mientras que el pechito de cerdo y el pollo, sin ningún tipo de intervención en sus mercados, aumentaron un 2% y un 5%, respectivamente.  

En lo que respecta a la hacienda en pie, en junio, el precio promedio de todas las categorías comercializadas en el Mercado de Liniers se ubicó en $146,15 por kilo vivo, prácticamente sin cambios respecto de mayo -aun con lo atípico de aquel mes- y un 0,5% inferior al promedio de abril ($146,87). 

Es decir, el valor de la hacienda no sólo no ha crecido, sino que, en términos constantes contra una inflación que en los últimos dos meses sumó un 6,5% de suba, ha registrado una significativa pérdida de valor real. 

Más aún, si analizamos las variaciones de precio por categoría, vemos que justamente la hacienda que mayormente consume el mercado interno -novillitos y vaquillonas- registró incrementos promedio de entre 3% y 4%, mientras que aquello que no se consume internamente como vacas de conserva y toros, cayeron más de un 13% a valores corrientes.  

En consecuencia, la hacienda que pensaba derivarse de la exportación al mercado interno hoy, a estos valores, cuesta verla reflejada en la oferta. En efecto, en los últimos dos meses, la faena de vacas cayó un 30% respecto de igual período del año pasado, perdiendo unas 160.000 vacas en la línea de producción. 

En el caso de novillitos y vaquillonas -haciendas básicamente destinadas a consumo-, la faena tampoco aumentó; por el contrario, la de novillitos se contrajo en un 3% y la de vaquillonas en un 15%, respecto de igual bimestre de 2020. 

Sucede que en este segmento sigue percibiéndose un déficit estructural de oferta, por el bajo nivel de encierre que han estado registrando los feedlots a causa de la suba del maíz y la consecuente prolongación de las recrías. 

De acuerdo a los datos publicados por la Cámara Argentina de Feedlots (CAF), en julio los corrales marcaban un nivel de ocupación del 63,5%, unos 3,5 puntos menos que en julio pasado cuando ya venía cayendo el nivel de encierre. No obstante, a pesar de la baja oferta de los feedlots, esto no alcanza para compensar la debilidad que presenta la demanda.

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